TERAPIA PARA UN CACTUS

Insomnio:

Cuarenta y cinco minutos diarios -me dijo.

Las raíces de tu mente, el tallo que crece, pero escribe.

¡Como si fuese fácil controlar el crecimiento de una idea!

Así que me despojo de las hojas, escribiendo sobre flores,

por lo que no tragaré, pastillas como abono.

Intentaré desvestir mis venas, a intervalos de insomnio, de un paño estéril y tres jeringuillas.

Primera jeringuilla:

Cuando llegó tu aguijón, escuché un parte meteorológico,

con estadísticas, con probabilidades,

con depresiones en isobaras que desfiguraron.

Un abecedario apareció sobre la mesa y me aferré al filo,

surgió la primera semilla: ¿habrá vida?

Afloraron con gritos las primeras gotas,

preguntas puncionadas y sin diagnóstico,

y es cierto, un segundo es eterno.

Lo palpé, lo maldije,

lo atrapé y lo ahogué

para que no fenestrara mi cuerpo

ni podara el delgado tubo que me conectaba.

Naces para morir y es en un segundo,

cuando una moneda de 25 centavos,

me dio la primera bocanada a una muerte lenta.

Segunda jeringuilla:

Un “port-a-cath” que cambia la forma natural por un artificio,

y lo aprendido no me sirvió.

Se caducó el tiempo y sus agujas,

ya no hay minutero y segundero,

“Gripper” calibre 22 invadió mi campo

y dejé de ser esponja

para querer algo más que células en descomposición.

Volví a engendrarme la semilla buscando una salida,

dejé de ser trepadora,

ya no consumía de cero a cien

sólo resistía en el desierto, cada segundo

para saborear un oasis a través de un riego.

Tercera jeringuilla:

Sí, estoy enferma, por amar la vida

y dejar de ser una historia clínica…

y fue mi primer día, un día cualquiera del año 2014.

Cómplice para celebrar o no, sólo era catorce, sólo era febrero…

…y no recuerdo más que miedo,

mientras una sonrisa tensa cruzaba mi rostro.

Paño estéril:

Franela, franela y frío en la sala de espera,

donde los minutos caían por un gotero.

Dije sesenta palabras por segundo sin que los músculos de la boca se movieran,

sin entender nada de lo pronunciado.

Nada; nada se movía en aquella sala,

solo los números de la pantalla y un rumor de voces en el aire.

A mi lado, una de ellas me dice algo y creo entender, -vamos, te toca.

Como si de una lotería se tratara,

sonámbula, me arrastré por el frío mármol y crucé la puerta.

Venas desvestidas:

Era mi primer día, en el habitáculo número seis,

cuando una aguja perforó el mundo que me habitaba y me habían dicho…

Me habían dicho,

no te preocupes

no tengas miedo

no te dolerá.

Me preocupé, tuve miedo, me dolió.

Me habían dicho tantas cosas

y sólo una fue verdad:

el abbocath en mi vena.

Nunca más,

volví a encontrarla.

(Tercer premio del primer Concurso de relatos Juan Antonio Cabrera Ramos

Atletas sin fronteras. Hoy no perderé)

Maribel Díaz

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2 respuestas a TERAPIA PARA UN CACTUS

  1. Sucali dijo:

    Impresionante! Gracias 😊

    Me gusta

  2. Merce dijo:

    FELICIDADES GUAPA, PRECIOSO.

    Me gusta

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